María Martínez Romero, becaria Fulbright / El Corte Inglés 2016-2017 en Columbia University

La beca Fulbright existe como un sueño en el imaginario colectivo de los estudiantes. Todos fantaseamos con nuestra vida universitaria en una prestigiosa escuela norteamericana. Las expectativas son altas, muy altas, pero la realidad lo es todavía más. Olvida todas las ideas previas que tenías sobre la beca Fulbright, no están a la altura. La experiencia Fulbright va mucho más allá.

Cuando solicité la beca de Ampliación de Estudios hace dos años, fantaseaba y sentía miedo a partes iguales. Al imaginar cómo sería mi vida con una beca Fulbright solo pensaba en la parte académica. Buenos profesores, asignaturas motivadoras, un bonito campus americano y el nombre de una conocida universidad en mi curriculum. Suena bien, ¿verdad? La otra parte, la del miedo, me hacía repetir la frase que todo verdadero Fulbright ha pronunciado hasta la saciedad: “No me la van a dar”.

Sorpresa número uno. Sí, te la dan. No es imposible, puedes hacerlo y de hecho, deberías intentarlo. Es el mejor premio que un buen estudiante puede recibir. Porque entonces viene la sorpresa número dos. Nada de lo que hayas imaginado está a la altura. Por supuesto que la universidad va a ser el centro de tu vida y que vas a aprender a un ritmo inimaginable cada día. Pero jamás podría haber imaginado lo que estudiar con una beca Fulbright implica.

Con Saja. Foto de Jonas Denzel (German Fulbrighter).

Estar con Fulbright implica estar arropado en todo momento por un grupo de profesionales desde España y desde Estados Unidos que se dedican exclusivamente a hacer que los Fulbrighters podamos aprovechar al máximo nuestra estancia en Estados Unidos. Para que nuestra llegada a Estados Unidos y nuestra adaptación sea lo más sencilla posible, empezamos con un preacademic course o un Gateaway. Se trata de un curso en el que estás con Fulbrighters de todo el mundo preparándote para la vida universitaria americana. Mi preacademic fue en Drexel University, en Philadelphia. Teníamos 3 clases: Writing Research, Communicating in the American Classroom and American Culture. Los cursos fueron útiles, me prepararon bien para el ritmo de trabajo del master y tuve buenos profesores, pero de los que más aprendí fue de mis compañeros. Estuve con 44 estudiantes Fulbright de diferentes países, de los cuales solo dos éramos europeos. Fue una experiencia cultural totalmente nueva. Conocí a estudiantes abiertos, con inquietudes, con ganas de compartir sus experiencias y sobre todo, con el deseo de cambiar el mundo. Allí conocí a Saja, quien se convirtió en mi mejor amiga. Saja es una cirujana de 27 años que dejó el hospital en el que trabajaba operando a los heridos en la guerra para venir a Estados Unidos a estudiar un master en Public Health. Hablar con Saja te hace madurar.

Después de aquellas tres semanas de preparación en Philadelphia, empezó la verdadera experiencia Fulbright. La parte en la que sí pensamos cuando solicitamos la beca, pero que una vez más, supera todas las expectativas. Llegué a la inmensa y viva Nueva York. Amor a primera vista, porque no importa el tipo de ciudad que busques, Nueva York ofrece tantas caras que la encontrarás. Entonces empecé mi Master of International Affairs en Columbia University. Estudio en SIPA, School of International and Public Affairs, la más internacional de toda Columbia y no porque lo diga su nombre, sino porque el 70% de los estudiantes venimos de fuera de los Estados Unidos. No importa el país del que estemos hablando en clase, siempre tendremos a un estudiante de allí para compartir con nosotros sus opiniones. La participación en clase es muy importante, cada uno tiene que llegar a clase con sus lecturas hechas y preparado para la discusión. Al principio resulta intimidante, sobre todo si las clases son con profesores como Stiglitz, Sachs, Sassen o Betts. Todos pasamos por la fase del “síndrome del impostor”, veníamos advertidos por las sesiones Fulbright en las que nos informan sobre el proceso de adaptación. Os preguntaréis qué es el síndrome del impostor. Cuando ya tienes oficialmente una beca Fulbright, la frase “no me la van a dar” se convierte en “no me la merezco”. Soy un impostor, rodeado de estudiantes inteligentes que creen que soy tan listo como ellos. Es una fase más del proceso, pero en dos semanas se pierde la vergüenza y te sorprendes en clase con la mano levantada continuamente.

Preacadémico en Drexel University

Preacadémico en Drexel University. Foto de Jonas Denzel (German Fulbrighter).

Es normal sentirse intimidado al principio. Pero si estás aquí hay un motivo. Un master en estas universidades no es fácil, trabajarás como un loco y la biblioteca se convertirá en tu casa. Pero lo enriquecedor de la experiencia es que todos tus amigos están en la misma situación. Puedo asegurar que las amistades que nacen de horas y horas compartidas en la escuela son para toda la vida. Cuando digo que estamos siempre en la escuela no me refiero a que siempre estemos entre libros. La vida estudiantil americana está llena de eventos sociales y conferencias. Al principio quieres asistir a todas, pero tras dos semanas empiezan a faltarte las horas de sueño y te rindes. No puedes ir a todas, hay que elegir. Solo como ejemplo, SIPA cuenta con 30 asociaciones de estudiantes con diferentes temáticas (derechos humanos, migraciones, Naciones Unidas, mujeres y liderazgo, Unión Europea…). Todas son muy activas y organizan continuamente los famosos “social”, encuentros de estudiantes en los que conoces a gente interesada en los mismos temas que tú, mientras disfrutáis juntos de cervezas y buena comida. También hay eventos más formales, paneles y conferencias con expertos sobre todos los temas que puedas imaginar. Independientemente de lo que tus inquietudes intelectuales necesiten, aquí lo encontrarás.

calabazas

Foto de Jonas Denzel (German Fulbrighter).

Con una agenda tan repleta dentro de la universidad, a veces se nos olvida que existe el mundo exterior. Este fenómeno los conocemos en mi escuela como el “SIPAbubble”. Pero entonces llega Fulbright para sacarte de la burbuja, a base de correos y correos de One to World. One to World es una organización que se dedica a organizar actividades para Fulbrighters y otros estudiantes internacionales. En el primer cuatrimestre fui a dos recepciones con estudiantes Fulbright, un tour por Harlem y un tour por Nueva York con un local que te enseña todos los secretos de la ciudad. También fui un fin de semana con otros estudiantes a Mountain Lakes, un precioso pueblo de Nueva Jersey en el que fuimos los huéspedes de familias americanas que compartieron con nosotros su estilo de vida, incluyendo ir a coger calabazas y tallarles caras amenazantes porque se acercaba Halloween. Otro de los programas de One to World es “Conversations with World Leaders”, en el que exfulbrighters vienen a compartir con nosotros sus experiencias y su camino al éxito. Para los interesados en gastronomía, cada mes se organiza una cena cultural, para descubrir la comida de un país diferente. Todos estos eventos son oportunidades para conocer a personas increíbles de todos los continentes. También coincides siempre con alguno de los Fulbrighters españoles en Nueva York, que hemos acabado siendo una pequeña familia.

Por si esto fuera poco, y por si queda alguna hora libre en el día, además de One to World está el IIIE Cultural Desk. Para los amantes de la música es todo un regalo el poder ir a conciertos de música clásica en Carnegie Hall o en el Lincoln Center. En el mes de diciembre pude disfrutar de tres conciertos de la maravillosa New York Philarmonic. Entradas gratis para ti y tus amigos, premio por ser Fulbrighter, por ser un buen estudiante y esforzarte día a día.

La experiencia Fulbright es mucho más de lo que puedas imaginar. Hay que atreverse no solo a vivirla, sino a exprimirla.

María Martínez Romero

Master of International Affairs at Columbia University