Estados Unidos es un país de contrastes, hecho así mismo con multitud de colores y orígenes diversos. Quizás, por esa imagen que uno tiene a día de hoy de país tolerante y democrático, sea difícil creer que no hace tanto tiempo EEUU estaba completamente dividido y una parte importante de la población carecía de los derechos más básicos.

A finales de enero, un grupo de becarios Fulbright españoles tuvimos la oportunidad de participar en un seminario en Atlanta sobre el Movimiento por los Derechos Civiles. En total, rondábamos el centenar entre becarios de más de 50 países, ex becarios americanos y personal de IIE.

Como parte del programa, visitamos el museo en honor a Martin Luther King, oriundo de Atlanta, y tuvimos charlas y encuentros con personas que participaron activamente en el movimiento en los años 60.

Uno de ellos fue Lonnie King Jr, amigo de Martin Luther King y activista por los derechos civiles. Lonnie King fue uno de los promotores del Manifiesto por los Derechos Humanos, un documento que publicaron un grupo de jóvenes estudiantes de las  seis universidades de Atlanta en marzo de 1960. El manifiesto tuvo más eco de lo que inicialmente creían, y varios periódicos del país secundaron la iniciativa incluyéndolo en sus primeras páginas.

Lonnie King nos regaló una copia del manifiesto y nos relató como vivió él los comienzos del movimiento por los derechos civiles que abanderó Martin Luther King. En el documento, se denunciaba la exclusion que padecían los afroamericanos y la segregación racial que asolaba el sur de Estados Unidos, y se reivindicaba la igualdad de derechos para todos.

Así, hace no tanto tiempo, en 1960, las escuelas públicas de los estados del sur estaban divididas, con sesiones dobles para niños blancos y negros. Asimismo, los  afroamericanos no podían ir al cine, y debían ceder su asiento en los autobuses a los ciudadanos blancos. Los afroamericanos no eran admitidos en las universidades, tenían sus propios hospitales, –con menores recursos–, y hasta sus propios lavabos. Los blancos no bebían de las mismas fuentes que los negros. La segregación era total.

Personalmente, Lonnie King dejó huella en mí. A sus 77 años y ya debilitado en salud, King te relataba de forma apasionada la lucha que emprendieron esos años. La emoción y la pasión con la que contaba su historia,  la historia de muchos otros afroamericanos, te atrapaba y te hacía meterte de lleno en el relato.

Como parte del seminario, también participamos en otras actividades de inmersión con gente de Atlanta. Estuvimos ayudando en un proyecto comunitario en el colegio público Parklane y cenamos con familias locales.

El seminario me confirmó lo que ya sabía. Que EEUU es un país hospitalario, diverso, tolerante, y que ser becario Fulbright es un privilegio y una oportunidad que te cambia la perspectiva desde la que miras al mundo y a los otros.